dijous, 10 d’octubre de 2013

Pan negro


SEIX BARRAL, 2010
Traducción: Pa Negre (Catalán)


SINOPSIS

A medio camino entre la memoria y la ficción, Pan negro gira en torno a Andrés, un muchacho que crece en los años más crudos de la posguerra. Él pertenece al bando de los perdedores: su padre, hombre de firmes ideales republicanos, ha sido encarcelado por rojo; su madre se ha visto obligada a trabajar en la fábrica y confía a su hijo a unos parientes que viven en el campo. Poco a poco se produce un cambio sustancial en Andrés, que de perdedor pasa a sentirse ganador, en una metáfora del país que asimila la derrota y acepta, con pasividad, una victoria que no es la suya.A pesar de vivir lejos de sus padres, en un clima de miedo palpable, el tiempo en la masía está lleno de sentimientos y descubrimientos: el misterioso mundo de los adultos, la intuición detrás de las palabras de los mayores, los primeros pasos en las sendas del sexo. Es también un tiempo de amistades valientes, de cuentos explicados a la vera del fuego, de juegos al aire libre, de pan con vino y azúcar de pan negro.En tiempos difíciles los sentimientos se encienden porque no hay casi nada que perder. El amor, el odio, la pasión, el rencor, la venganza, la hipocresía, la humillación... cobran fuerza en la vida de los personajes de esta obra magistral, en la que Emili Teixidor recrea el ambiente rural de la Cataluña de posguerra en una lengua vivísima y con un espléndido dominio de la tensión narrativa. Pan negro viene precedida por un extraordinario reconocimiento de crítica, público y premios en su edición catalana, que la han situado como la mejor obra publicada a lo largo del año.


El éxito internacional de 'Pa negre' a favorecido que se traduzca a seis idiomas: español (Seix Barral), gallego (Fundación Vicente Risco), griego (Kastaniotis), neerlandés (Karakter), polaco (Replika) i rumano (Meteor Press) i próximamente al inglés. 



CRÍTICA:

Ricardo SENABRE - Publicado el 28/10/2004 
El narrador de este relato, que evoca acontecimientos de una infancia ya lejana, confiesa: “La memoria se enredaba con la imaginación, y a veces la mezcla me jugaba malas pasadas y temía no recordar bien las cosas” (pág. 277). He ahí una clave de Pan negro.

Es una narración novelesca con muchos ingredientes de la realidad vivida. Pero no sería acertado leer estas páginas en clave autobiográfica. La mezcla de verdad histórica y ficción da siempre como resultado una construcción ficcional. Teixidor ha recreado un mundo opresivo, mísero, lacerado por la guerra civil y sus consecuencias inmediatas -familias destruidas, orfandad, miedo, represión- visto desde la perspectiva de un niño que es capaz, años después, de reconstruir sus recuerdos con la mirada de entonces. 

Lo curioso del caso es que Andrés, acogido en el campo por sus abuelos, con un padre en la cárcel y una madre distante, rememora el mundo de la infancia como una época feliz, casi paradisíaca, hasta el punto de que el golpe de fortuna que lo coloca en una situación confortable, protegido por los señores de Manubens, y que le permitirá “dar la espalda [...] al mundo completo de antes” (pág. 373), es sentido como un envilecimiento: “Comprendí, fascinado por mi propia transformación, con una mezcla de vanidad y de miedo, que empezaba a convertirme en un monstruo [...] capaz de reunir en un solo cuerpo, en una sola vida, dos naturalezas distintas, dos experiencias contrarias” (pág. 374). El mundo de los mayores, siempre acosados por oscuros miedos o por viejas historias de las que no se habla, contrasta con el ámbito luminoso de Andrés y sus primos -Quirico chico, la Lloramicos-, sus juegos, sus confidencias, su vida libre y gozosa, su costumbre de encaramarse al ciruelo que simbólicamente los coloca en un nivel superior, por encima de los asuntos de la tierra, de la precaria subsistencia cotidiana, de las conversaciones elusivas y los secretos de los adultos, apenas entrevistos y nunca explicados del todo. 

La sutil conservación sin apenas desfallecimientos de la perspectiva infantil a lo largo del relato es un logro notable del autor. El otro mérito indudable de Pan negro es la riqueza de sus evocaciones, la minuciosidad y precisión con que se describen lugares, paisajes, tareas agrícolas -véanse, a título de ejemplo, las páginas 278-279, dedicadas a la siega y la trilla- y el gusto por los nombres perdidos de las cosas, asociados inevitablemente a la memoria infantil: “Según la procedencia de los trilladores, hablaban del almiar, el nial, el borguil y otros nombres que a nosotros nos remitían a territorios nuevos e inexplorados. Al ancho mundo de las palabras” (pág. 279). Y aún podría añadirse el deleite verbal de las series enumerativas que aparecen en otro pasaje (págs. 138-139), así como el gusto por las leyendas y manifestaciones populares de la abuela. 

Hay numerosos aciertos narrativos: la visita al padre en la cárcel, el entierro y la escena con el alcalde, la descripción de los Manubens (págs. 289-290) y el perfil de algunos tipos, como el señor Madern o el padre Tafalla. Y un lenguaje variado y rico, que el mismo autor ha traducido del catalán sin lograr esquivar del todo algunos catalanismos (“aquella verdor”, p. 37; “no pueden haber excepciones”, p. 74; “como que” (p. 172) por el “como” causal; “de buena mañana”, p. 242; “no sé qué os ha cogido” [‘ocurrido'], p. 302) cuya presencia no empaña, sin embargo, la sensación de plenitud lingöística y riqueza de matices que el lenguaje de la obra despierta. Un texto excelente, en suma, que logra revitalizar, por la intensidad de la evocación, un tema repetido hasta la saciedad y hasta trivializado en demasiadas ocasiones.


Cuatro cuestiones a Emili Teixidor

-Imaginación y memoria: ¿cuál de las dos es más fiable?
-La memoria cava, la imaginación florece. 
-¿Incluso en la infancia más terrible hay un paraíso?
-Sí. ¿Cómo podrían vivir sin ese reducto los miles de niños que carecen de casi todo? Un aforismo dice que quien quiere hacer un paraíso con su pan, lo que consigue es un infierno con su hambre. 
-¿Y los paraísos adultos?
-Algunos son artificiales, como es sabido. Como dice un buen amigo, de todos los paraísos hay que emigrar, pero nunca ser expulsado. 
-Los adultos ¿se entienden entre ellos?

-No, a la vista está. Sólo hay que abrir el diario. Pero hay que intentarlo. Un adulto, a veces, no es más que un niño sin esperanza.