divendres, 29 de gener de 2016

Francesc-Marc Àlvaro

revista DOMINGO, 7 MARZO 2004 LA VANGUARDIA

sin espejo Por Francesc-Marc Álvaro

Emili Teixidor. Ha recibido el prestigioso premio Crexells 2003 por su última novela, “Pa negre”, intensa y deslumbrante obra que evoca la dura posguerra en la Plana de Vic a ojos de un muchacho que forma parte del mundo de los perdedores. El jurado de este premio que otorga el Ateneu Barcelonès fue unánime en su valoración y ha destacado que se trata de uno de los mejores títulos de los últimos años. Este pedagogo, novelista, guionista y crítico de 70 años es, sin hacer ruido, uno de los grandes de la literatura catalana 


El comienzo de “Pa negre” (Columna) nos promete un mundo del que, más tarde, sentiremos la pérdida con una mezcla de gozo e incertidumbre, igual que el protagonista, totalmente transformado ya entre la vanidad y el miedo: “Quan feia bon temps, des de Pasqua Florida fins a principis de tardor, quan el bosc canviava de color, vivíem a les branques dels arbres”. El crítico Julià Guillamon ha escrito en “La Vanguardia” que ve a Emili Teixidor i Viladecàs como un “nen gran” que manipula los llamados “ous gargots” que simbolizan “lo incompleto y mal terminado, la vida abortada y la imperfección del mundo”. De ahí, seguramente, la capacidad de su mirada para explicarnos la posguerra desde el interior intocable de las cosas, más allá de la estampa previsible que reduce un tiempo al anecdotario congelado. La penetración afinada en la imponderabilia moral de una época es radical y el personaje de Andreu aparece ante nosotros como el revelador de algo superior a la miseria y a la derrota, algo que nos lleva a sentirnos otro frente al espejo. El catalán usado en la novela, magistral, conduce la tensión entre el dentro y el fuera.
Viendo a Teixidor leyendo el Periódico y tomando café tranquilamente en un bar cercano a Catalunya Ràdio algunas mañanas, no parece que el ciudadano contenga tanto afortunado peligro como el autor. Su talante, extremadamente civilizado y pausado, deja escapar puntes de ironía y, a veces, el interlocutor observa la lucha entre la vehemència y el dictado racionalista. Dentro de su cuerpo entablan una dialéctica expresiva el pedagogo cartesiano y el artista que juega prodigiosamente con las palabras. Quizás la síntesis de todo ello sea su celebrada faceta como autor infantil y juvenil, uno de los más leídos y premiados del país. Somos muchos los que, en nuestros años de aprendizaje, nos hicimos admiradores del Ocell de Foc, uno de sus personajes con más gancho. En todo caso, consignemos que escucharle también es un placer, pues utiliza el catalán con una natural riqueza de matices ciertamente poco común.
A estas alturas de la película, Teixidor se ha situado más allá de la necesidad de la impostura. No hay duda. El refinamiento de su puesta en escena trasmite autenticidad, pasión por la cultura, verdadero amor por todo aquello que regala sentido a los días. Teixidor no se viste de escritor, al contrario. Dicen algunos de sus colegas que es un “outsider” de las letras catalanas que ha huido de ser encajonado en una u otra secta, que es demasiado independiente para corporativismos y que su consagración llegó en un momento sabio: cuando es el éxito el que se adapta al carácter y no a la inversa. La carrera literaria de Teixidor se ha desplegado geométricamente sin retroceder y cada nuevo título ha llevado su voz narrativa hasta un límite
de prueba donde el logro ha estado a la altura de la ambición.
Declaradamente urbanita y barcelonès de adopción, el autor de “Pa negre” ha conservado su vinculo rural como depósito de idioma y como geografía de muchas de sus obras, en un ejercicio de distanciamiento premeditado del pasado y del paisaje, a los que retorna una y otra vez para revelar –al igual que el personaje de Andreu– lo más sutil, lo más inaccesible, lo que queda en pie, invencible, una vez el recuerdo ha sido sometido al bombardeo inmisericorde y sin concesiones de la edad madura. Su natal Roda de Ter (con sus años jóvenes junto al desaparecido Miquel Martí i Pol) y toda la comarca de Osona adquieren la rugosidad universal de los macondos interiores en sus mejores páginas. El mundo es una sola calle.
Como antiguo maestro y como amante del teatro, Emili Teixidor parece decirnos que la única parte de nosotros que al final permanece es la máscara. La máscara del monstruo.

Emili Teixidor transmite autenticidad, pasión por la cultura